Jueves, 17 Noviembre 2016 11:24

Lo que ha triunfado con Trump

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No pretendo examinar en detalle las causas del triunfo de Trump en el recién finalizado proceso electoral norteamericano, pero sí hacer algunas preguntas sobre importantes cuestiones que soslayan algunos analistas de este país al analizar ese hecho. Me mueve expresar mi estupor y desconcierto ante la valoración que sobre ese proceso y sus resultados tienen esos analistas, muy contraria a la que tiene la generalidad de los sectores progresistas estadunidenses y por lo que significa para ese arcoiris de sectores el triunfo de un discurso excluyente, negador del discurso esperanzador e incluyente que en su momento galvanizó el triunfo de Barack Obama.

Algunos analistas establecen que una de las principales razones que explicarían la equivocación de las encuestas que daban favorita a la Clinton fue el no registro de que, al momento de ser encuestados muchos ocultaban sus preferencias por Trump dado sus repulsivos discurso y talante. Algo parecido sucede con varios analistas que, apelando a una supuesta objetividad expresaban y expresan una animadversión hacia la Clinton, pero veladamente preferían aquel. Los hay también que, con mismo discurso de aquellos, favorecían abiertamente el triunfo del impresentable hoy presidente de los Estados Unidos.

¿Cómo minimizar las posiciones abiertamente xenófobas del referido sujeto para movilizar con fines electorales el racismo, la intolerancia y la xenofobia atávicas presente en las zonas rurales y de limitada concentración poblacional del país?

Algunos centran sus razonamientos en las cualidades, reales o supuestas, de las figuras en liza, haciendo abstracción de lo que es clave en el análisis de todo hecho histórico, político o social: considerar las tensiones sociales, culturales e ideales que configuran el contexto en que se baten determinadas fuerzas políticas. Quedarse en la simple consideración de las cualidades de Trump o la Clinton es desconocer el significado de ambos, desde el punto de vista social e ideal, para mucha gente dentro y fuera de Norteamérica. Algunos analistas lo hacen por reduccionismo o falsa conciencia, y otros para veladamente justificar su preferencia por Trump. Recordemos que la Hilary, que no me simpatiza por su talante, es satanizada por algunos sectores del país por supuestos o reales intereses de los Clinton en Haití. Nada casual…

¿Cómo recurrir al simplismo de que ambos son la misma cosa? ¿Malos los dos? sí, pero por lo que ambos simbolizan en el imaginario de la generalidad de quienes votaron por ellos, objetivamente, que es lo esencial, no son la misma cosa. ¿Que gente que votó por Trump también lo hicieran por Obama en su momento?, posiblemente, pero lo esencial es lo que quiso expresar el votante al hacerlo por uno o la otra. ¿Cómo decir que es irrelevante que sectores del KKK, de la derecha racista y xenófoba se batieran por Trump, y que señeros representantes de esos sectores ya sean parte de su gabinete? Algunos, magnifican las condiciones políticas de Trump, soslayando el determinante papel de ese pilar de establishment, el FBI para favorecerlo electoralmente, además del hecho de que una significativa franja de sus votantes lo hicieron porque comulgan con las partes más aberrantes de sus posiciones política/ideológicas.

¿Cómo minimizar las posiciones abiertamente xenófobas del referido sujeto para movilizar con fines electorales el racismo, la intolerancia y la xenofobia atávicas presente en las zonas rurales y de limitada concentración poblacional del país? Ese atavismo constituye uno de los pilares del establishment, manipularlo constituye no una genialidad, como dicen algunos, sino una manifestación del oportunismo irresponsable y hasta criminal  como recurso político y esta vez de campaña electoral, propio de los demagogos populista. Con esa demagogia no se combate ningún establishment, todo lo contrario, con la manipulación y potenciación de ese atavismo, del miedo que generan las posiciones de aperturas democratizadoras en determinados segmentos de la una sociedad es como se consolidan las manifestaciones más aberrantes de un sistema.

Abundan ejemplos de demagogos que han triunfado básicamente por la manipulación del miedo, no por el enfrentamiento al sistema. El miedo catapultó a Hitler al poder y, en esencia, ha posibilitado que Marine Le Pen en Francia, Putin en Rusia y a otros demagogos populistas ultraderechistas en todo el mundo obtengan unos resultados electorales que constituyen una real amenaza a importantes conquistas democráticas, obtenidas en los EE UU, a pesar de sus lacras, y en diversos países. De esos demagogos no puede esperarse otra cosa que no sea el incremento de la intolerancia, de la desmovilización política y el debilitamiento de las instituciones políticas que se baten por una sociedad verdaderamente inclusiva, tolerante y respetuosa de los derechos humanos fundamentales.

El triunfo de Trump es el triunfo de lo peor, constituye un retroceso en largo camino hacia la libertad de una gran parte de la población norteamericana y del mundo. Causa consternación que algunos, que de alguna manera caminan ese camino, no lo hayan comprendido.