Sábado, 10 Diciembre 2016 19:54

Los muchachos de Villa Juana: tiempo, espacio y amistad

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El próximo sábado 10 se efectuará el clásico evento que hace más de 30 años llamamos el encuentro de los muchachos de Villa Juana. Comenzamos haciéndolo todos los 26 de diciembre y desde hace algo más de 10 años se hace el primer o segundo sábado de ese mes. Lo iniciamos un pequeño grupo de amigos villajuanences, cuyas adolescencias discurrieron en los inicios de los 60, y a los que nos unían la amistad, las actividades, estudiantiles, culturales, sociales y/o políticas. Poco a poco, de manera espontánea el grupo se abrió a amigos de otros barrios, de otros espacios, con los cuales en ese tiempo coincidíamos en las mismas actividades.

Hoy, ya no es solo el encuentro de los muchachos de Villa Juana, sino el de una generación que de diversas perspectivas y espacios vivieron el embrujo del clima de libertad, de búsqueda de saberes prohibidos y de luchas contra los remanentes de la tiranía de Trujillo, luego del ajusticiamiento de este en 1961. La labor organizativa de esos jóvenes en los barrios populares capitalinos, en las esferas política, cultural y estudiantil, fue fundamental para que se lograra la integración de los sectores populares en las luchas por las libertades y que esas luchas salieran de la estrechez del centro histórico de la capital y se trasladasen a esos barrios, ampliándose y tomando un contenido más democrático

Los barrios populares se convirtieron en el principal escenario de las luchas gremiales, fabriles, sindicales, choferiles y portuarias, las cuales, junto a las luchas políticas y estudiantiles, sentaron las bases para que hoy exista en el país una alta valoración de la libertad, la democracia y los derechos humanos fundamentales. Desde sus particulares trincheras, muchos integrantes de esa generación de los años 60 que nos encontramos cada diciembre participamos en esas luchas. En el fragor de esas luchas, en la militancia política, el activismo cultural en los barrios, liceos y escuelas, en la fundación de algunos de los primeros clubes culturales del país después de la dictadura, forjamos estrechísimos lazos de amistad y solidaridad.

Nos encontramos durante las festividades navideña y de fin de año, aprovechando el hecho de que, además de ser este un tiempo de festividades religiosas, es también momento en que se celebran y consolidan las relaciones familiares, de amistad, independientemente de credos políticos y/o religiosos, de amor, de la comunidad de propósitos de los compañeros de trabajo y de diversas colectividades. Para Carlo Petrini, la idea de la felicidad es esa “malla tejida por las relaciones estables con el otro, con los que nos circundan y lo que nos circunda: naturaleza y personas”. La función latente de las fiestas de fin de año es celebrar la felicidad de haber construido algo en común, la función manifiesta de nuestros encuentros hace lo mismo.

En la militancia en común o en colectivos diferentes nos forjamos, caminando juntos hacia las escuelas y liceos e incluso en nuestras reyertas para defender nuestras ideas forjamos nuestra amistad y solidaridad; nos forjamos como esa generación generosa, no lo suficientemente reconocida, que dentro de la diversidad reitera su compromiso de lucha por un mejor país, donde no perezca la libertad y se mantengan los valores de la inclusión social y los derechos humanos fundamentales. Nos encontramos en estos días de ambiente festivo para expresar colectivamente, a pesar de las diferencias que existen y existirán entre algunos de nosotros, la alegría de haber sobrevivido a la represión policial, a los crímenes de estado y a las desigualdades sociales y espaciales en que discurrió la vida de muchos de nosotros.