Cándido Mercedes

Cándido Mercedes

 

Sociólogo

Sobre mí

Maestría en Alta Gerencia, Especialista en Gestión del Talento Humano, Sociología  Organizacional y Desarrollo Organizacional y Gerencia Social, se desempeña como Consultor  e Instructor Gerencial. Catedrático de las Maestrías de Alta  Gerencia y Gerencia Financiera, del INTEC, Coordinador  de las  Maestrías  en Administración y Recursos Humanos, de la UCE, fue Consultor del PNUD.

La democracia es un proceso en constante construcción; podríamos establecer un cierto paralelismo con la dinámica de la evolución humana: La democracia es la expresión política del espacio del individuo en tanto ser humano.Constituye el epicentro en la respuesta colectiva de la propia individualidad de cada uno de nosotros. Los valores intrínsecos, como consecuencia del desarrollo humano, se plasman en la democracia como Sistema Político: la libertad, la equidad, la libre competencia, la igualdad en los espacios públicos, en los territorios.

Como diría Giovanni Sartory en su interesante obra Como hacer Ciencia Política “Definir es, en primerísimo lugar, delimitar; asignar límites. Un concepto indefinido es, para empezar, un concepto “sin fin” del que no sabemos cuándo se aplica y cuándo no, que incluye y que excluye”. Asumiendo esa importante reflexión conviene destacar dos definiciones, dos conceptualizaciones del clientelismo político.

Estamos respondiendo a la sociedad del Siglo XX y no a la sociedad del Siglo XXI. Esto quiere decir que no estamos preparando Capital Humano ni para el Mercado y mucho menos para la Sociedad.

Hay una creciente debilidad de esta democracia de partidos. Una debilidad caracterizada por la ausencia de convertirse en puente inexorable entre el Estado y la ciudadanía y porque sus actores ora por necesidad ora por avaricia, son meros intrusos de LA POLITICA. Como señala Daniel Innerarity en su libro La Política en tiempos de Indignación “Nadie es un intruso por ser un desconocido en el sistema político; lo que puede convertirle en un intruso en el peor sentido del término es que pretenda comportarse en política con otra lógica y trate de convertirla en un asunto mediático, en gestión empresarial o en actividad justiciera”.

Responder sin mencionar, tergiversar, manipular y desinformar, es la fuente inagotable de  aquellos que se han fraguado en la conciencia desdichada. Es la forja de sentimientos incurables, inoculados a lo largo de todo su proceso de socialización, de una niñez restringida, cargada de necesidades, que genera el camino de la victimización, merced a los resentimientos sempiternos.

Miércoles, 06 Abril 2016 19:05

Allá como aquí: La cleptocracia domina

Hay, si se quiere, una extraordinaria dosis de la cultura de la indiferencia instalada en la sociedad dominicana, a ello hay que agregar el punto de inflexión en la búsqueda de soluciones individuales a problemas colectivos, societales. La solidaridad, marca de la nobleza del dominicano, comenzó a eclipsarse a partir del 2004 y a ocupar el ranking del país donde el conservadurismo alcanzaba su máximo clímax. Somos hoy por hoy, la sociedad donde el espacio hacia la derecha ha crecido más.

No importa que nos encontremos en una sociedad caracterizada por el síndrome del desamparo institucional. Hay, en nuestro imaginario, una seducción por el poder. No concierne la banalidad que ello encierra y la decadencia que lo contiene. La parafernalia que trae consigo cubre, todavía, el manto de la magia que “trasciende” las relaciones de poder y sus intereses. Todo el oropel de ayer, que configuraba la dictadura trujillista, se recrea haciendo del poder algo cuasi místico.

En la sociedad dominicana hay una horrible recesión democrática. Se produce actualmente, una desgarrante inercia institucional que hiberna la consagración del status quo, pero que impide organizarnos para salir airosos del pantano de disfunciones sociales que hoy nos envuelven y abaten. La construcción institucional es inobservada generando una arquitectura institucional de conveniencia.

Miércoles, 09 Marzo 2016 10:18

La puerta giratoria en el Estado Dominicano

La sociedad dominicana ha estado demasiado tiempo en una anclada pausa social. Es como una especie de sumisión social que no puede existir allí donde vive una franja muy ancha de la estratificación social pobre y vulnerable. Hay, por así decirlo, una miseria social que nos abate. El corolario es una mutación profunda hacia el encierro. Una frustración individual que no encuentra eco en la indignación colectiva. La critica social, como antorcha cargada de futuro, no aparece.

Prefiero ser un pesimista inteligente, en busca de la verdad, en lozanía con el equilibrio y la prudencia y no con un optimismo destemplado, manipulador, constructor de verdades a medias y ausencias de verdades, donde las mentiras afloran en aras de un proyecto particular. Un discurso donde los apologistas pretenden en medio de su proyecto de dominación, hegemonizar “su visión de país” como la única visión y en consecuencia, la no aceptación de los argumentos contrarios. Con sus discursos reduccionistas y maniqueístas. Dicen son mezquinos aquellos que no están de acuerdo, propio de las mentes autoritarias y excluyentes.

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