Viernes, 29 Abril 2016 12:09

Asfalto vs. verde

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El crecimiento poblacional de la zona metropolitana del Gran Santo Domingo y la concentración de actividades en el territorio del Distrito Nacional acarrea consigo el surgimiento de una serie de afectaciones a la dinámica urbana que requieren de estrategias efectivas para garantizar mejores niveles de habitabilidad básica. Uno de los principales problemas identificados es el desorden existente en el sistema de tránsito, caracterizado por la ausencia de un sistema de transporte colectivo, la multiplicación de los entaponamientos, el incremento en los niveles de contaminación y el disgusto frecuente de conductores y peatones.

Ante esta problemática lo usual ha sido aumentar la cantidad de kilómetros de vías disponibles para que el tránsito motorizado pueda desplazarse a lo interno de la ciudad, fomentando la construcción de elevados, viaductos o ampliaciones de vía. En algunos casos estas nuevas intervenciones son posibles luego de sustituir espacios verdes consolidados por materiales impermeables, contribuyendo en el deterioro de la ciudad y esfumando la posibilidad de que los residentes disfruten de un hábitat saludable.

Este es el caso que se presenta en el perímetro del Jardín Botánico, el cual está siendo sometido a la reducción de la acera oeste con el fin de incrementar la cantidad de carriles para “solucionar” el caos en el tránsito que se desplaza por las inmediaciones del importante pulmón urbano. Aunque las nuevas infraestructuras viales son insertadas en la dinámica urbana con el fin de que se puedan desplazar la mayor cantidad de vehículos en el menor espacio de tiempo posible, las consecuencias de estas intervenciones producen una necrosis en el sistema metropolitano que impacta directamente en la calidad de vida de sus residentes.

La eliminación de las amplias aceras que rodean el Jardín Botánico suplían la posibilidad de que los ancianos, hombres, mujeres, jóvenes, niños, discapacitados, pobres y ricos de esta gran metrópolis puedan caminar, correr o montar bicicletas, en una ciudad donde son cada vez más escasos los espacios disponibles para realizar estas actividades. La sustitución de suelo verde, por capas asfálticas impermeables, desvanece las posibilidades de extender el porcentaje de superficie arborizada, eximiendo a la ciudad de aire fresco, sombra, zonas de esparcimiento y un elemento que contribuye en la disminución de gases contaminantes emanadas por los vehículos de motor.

El paisaje desolador del entorno afectado se materializa con la desaparición del verde tanto en el suelo como en las fachadas que embellecían el perímetro protegido del Jardín Botánico, calentando considerablemente esta franja y alejando las posibilidades de recorrerlo a pie.

Cuando se analiza la funcionalidad de este tipo de intervenciones en la cual se aumenta la capacidad de una infraestructura vial existente, estudios han demostrado que en la medida que las ciudades habilitan más kilómetros de vía para “solucionar” el tema de los entaponamientos, un mayor número de unidades vehiculares se desplazaría en el corto y mediano plazo por la nueva intervención, saturando la nueva capacidad habilitada.

Esto se debe a que el deterioro en el sistema de movilidad urbana de toda la ciudad impulsa a los conductores a buscar de forma desesperante cualquier “callecita” o callejón que aún no haya sido descubierto por la población en general para hacer de este camino su avenida ideal; hasta que otra persona tenga la misma idea y en poco tiempo una gran cantidad de conductores desesperados se unirán al recorrido desconocido en el pasado, pero muy conocido al momento de ser inaugurado.

Aún estamos a tiempo de rescatar el perímetro afectado de nuestro Jardín Botánico, mantener los framboyanes primaverales que adornan su entorno y devolver a la gente su ciudad; esto será efectivo si apostamos por implementar un sistema de transporte colectivo eficiente y descontinuamos la práctica de impulsar soluciones sectoriales a problemas transversales.