Jueves, 19 Mayo 2016 15:43

Se cayó el mito del faraonismo y los megaproyectos

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Por décadas habíamos asumidos que la posibilidad para ganar unas elecciones estaban dadas por la vocación faraónica que pudiese tener un gobierno. En el imaginario social y colectivo se interiorizó el modelo de desarrollo de factura trujillista y balaguerista caracterizado por la inversión en grandes obras físicas, concentradas en los principales polos de desarrollo urbano y por consiguiente donde se encuentra el mayor porcentaje de votantes para decidir unas elecciones.

La victoria de Danilo Medina constituye un mentís a la noción del desarrollo enfocada en los megaproyectos. La gestión de gobierno de Medina importantizó la inversión social concentrada en los grupos más vulnerables de la sociedad. Esta inversión social dio prioridad a la ampliación de la cobertura de afiliación de la población en el Régimen Subsidiado; al fortalecimiento de los programas de transferencia financiera a grupos vulnerables ubicados por debajo de la línea de la pobreza (Programa Solidaridad, Bonogás); la puesta en marcha de un agresivo plan de atención a la primera infancia; la instauración en educación del modelo de tandas extendidas en las escuelas; la ampliación de la cobertura educativa mediante la construcción de escuelas en zonas abandonadas y el Programa de Alfabetización Quisqueya Aprende Contigo.

En estos programas sociales son las mujeres las que más han sido impactadas y ello explica por qué en las encuestas aparecen como el sector social con mayor identidad con la propuesta electoral de Medina.

Por otro lado, datos proporcionados por el intelectual e investigador Bernardo Vega señalan que alrededor de un 28% de los inscriptos en el Padrón Electoral tienen una relación de dependencia económica directa del Estado, ya sea vía la nómina pública o los programas sociales. Algunos de estos proyectos, como el plan de atención a la primera infancia y la política de las tandas extendidas en las escuelas, implicaron la inserción al mercado de una nueva masa laboral.

Estas estrategias sociales se amplifican con  la dinamización de las economías locales a través de la inclusión de las pequeñas y medianas empresas en los concursos de licitación para la construcción de obras comunitarias que fueron ejecutadas durante esta gestión de gobierno. Más de 227 mil microempresas recibieron financiamiento por encima de los diez mil millones de pesos, según cifras oficiales.

El repunte de las microempresas locales trajo consigo la inserción de nueva mano de obra en las provincias y municipios. Los programas sociales del Gobierno y la dinamización de las PyMES permitieron la inserción laboral de más de 300 mil personas en todo el territorio nacional. Estas estrategias combinadas con las visitas sorpresas a las zonas rurales dieron dinamismos a las economías locales que se reflejaron en la configuración de una masa electoral con alta fidelización con el proyecto reeleccionista.

Por otro lado, los grupos empresariales determinantes en la economía nacional y una clase media que demanda que su acceso al consumo no se vea afectado, se alinearon con la continuidad de la gestión de Medina. Estas fuerzas sociales tienden a encantarse con los gobiernos que les garantizan estabilidad y crecimiento en la economía y vieron en Danilo la mejor respuesta a sus aspiraciones de clase.

No obstante, para ganar unas elecciones esto no es suficiente. Se requiere contar con una maquinaria electoral bien estructurada, unificada y que disponga de recursos para el despliegue de estrategias orientadas a garantizar la fidelidad de los votantes. Estas variables, juntas a la presencia de un discurso de campaña centrado logros visibles; un estilo de liderazgo conectado y cercano al ciudadano; de estrategias comunicacionales creativas e innovadoras y el hecho de mantener girando alrededor del PLD un crisol amplio de partidos aliados, fueron variables determinantes para la victoria de Danilo Medina.

Algo más, nueva vez la fragmentación de las fuerzas opositoras; la ausencia de un discurso atractivo a la población; el limitado acceso a recursos financieros para la campaña electoral y publicitaria; la desconexión de estas fuerzas con la cotidianidad y las esperanzas de la gente; fueron factores condicionantes para facilitar la victoria de Danilo.

Estas estrategias articuladas entre sí derrumban la concepción que se había enraizado en el imaginario colectivo de que era necesario construir grandes obras para ganar elecciones. Ojalá que junto a esta concepción, sea derrumbada la visión de que es indispensable la práctica de la dádiva y el clientelismo político para conquistar el poder, y sea cada vez más parte del pensamiento y la práctica política del país que las estrategias centradas en disminuir pobreza y desarrollar capacidades en la gente son las más efectivas en términos de adhesión subjetiva y objetiva de la población con determinadas opciones políticas.

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