Sábado, 13 Agosto 2016 09:42

La Transparencia en el uso de los Recursos Públicos: Corrupción e Impunidad

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“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”

Eduardo Galeano

¿Por qué Estados Unidos obtiene el lugar 22, con un Índice de 75, cuando allí existe un fuerte poder institucionalizado? Porque ellas son un prerrequisito ineludible, sine qua non para prevenir y castigar la corrupción, pero no suficiente. Requerimos de más y mejor Capital Social como elemento fundamental de compromisos recíprocos, de confianza, de solidaridad, conciencia cívica y asociatividad entre los grupos y personas. El Capital Social son “los lazos creados entre grupos de individuos que fortalecen a una comunidad y le dan seguridad frente a las amenazas procedentes del entorno”. O como diría Robert Putnam, “el Capital Social es una red de solidaridades, normas informales llevadas a la práctica para promover la cooperación entre dos o más individuos”. El Capital Social, como un constructor de redes y confianza, no es tan alto en los Estados Unidos como en Dinamarca, Suecia, Suiza, Noruega; países con las mejores evaluaciones en el Índice de Percepción de la Corrupción.

La corrupción es perversión, desenfreno, vicio, degeneración, depravación, indecencia, extravío, libertinaje, putrefacción. La corrupción es el estamento de la ilegalidad, de la ilegitimidad, que trastoca la calidad del gasto, que reduce la inversión para la sociedad y su impacto desde el punto de vista del costo/beneficio; vale decir, de su utilidad ética. La corrupción anquilosa una sociedad y en consecuencia permea la falta de confianza, haciendo posible menos Capital Social y Cohesión Social.

Somos una sociedad caracterizada por la opacidad. La Freedominfo.org, Centro por el Derecho y la Democracia, señaló que somos el segundo país con la peor utilización de la Ley de Libre Acceso a la Información Pública. La concepción que se tiene desde el poder es que éste es para usarlo sin el más mínimo rubor. En ellos, no existe dilema ético (una decisión indeseable o desagradable relacionada con un principio o práctica moral). Asumen lo que le resulta más conveniente; hacen todo lo necesario para ganar y piensan en las opciones con relativismo. La diafanidad, la nitidez, la claridad y limpidez, no entran en el léxico de su diccionario; a menos que no sea el juego de la pose, del doblez, de la hipocresía social.

La corrupción está definida como el uso de los cargos públicos para obtener ganancias personales o el abuso de la función pública para obtener crédito personal. En Dominicana se encuentran de manera simultánea las 4 dimensiones de la misma: La Corrupción Administrativa o Burocrática; el Nepotismo; el Padrinazgo y la Captura del Estado. La corrupción nuestra es sistémica, estructural e institucional.

Así como se viene dando la plutocracia en la esfera política, ésta se desliza, como expresión modélica, al conjunto de la sociedad como una verdadera CLEPTOCRACIA, entendida como una corrupción generalizada e institucionalizada; encontrándonos, así, con una sociedad enferma, anclada, esclerotizada, amnésica. Miremos, retrospectivamente, hace apenas 18 años; objetivicemos los personajes de la palestra pública y el resultado es una profunda movilidad social vertical ascendente. Mientras solo el 2% de la población cambió socialmente; el 19% se deslizó hacia la pendiente descendente y un 79% se congeló, como si el tiempo no pasara. Solo ellos, los actores políticos protagonistas han sido los detectives en éste escenario de exclusión social y vulnerabilidad del 75% de la población.

Si la corrupción constituye una hiedra que resquebraja, la INMUNIDAD y la IMPUNIDAD, potencializan el caudal y el auge de la corrupción, haciendo ver este mal como algo normal. Hemos visto como el aparato  de la justicia a través de las formas “archivos de expedientes definitivos” han configurado algo peor que la impunidad, que es la inmunidad; que constituye el más patético y aberrante privilegio, pues esta categoría ni siquiera se toma el tiempo de investigar. Para ellos no existen castigos. Las acciones patógenas de esos individuos no tienen antídoto en medio de un poder judicial secuestrado y postrado.

La cultura de la complicidad,  de la indiferencia, del miedo, del mimetismo social y de la impunidad, que como decía alguien ésta es la madre de toda la prepotencia. Donde existe la INMUNIDAD Y LA IMPUNIDAD (falta de castigo), la corrupción corre como en las mejores carreras de caballo. Si la corrupción es degradante y daña a la sociedad en todas las dimensiones, la INMUNIDAD (privilegio, exoneración, protección, exención, invulnerable) y la IMPUNIDAD (falta de castigo) destruyen y corren a mediano y largo plazo a una sociedad; pues a decir verdad, esa pesarosa triada no puede generar desarrollo ni crecimiento sano y sostenible. Realizando una analogía, la corrupción es el cáncer y la impunidad el Alzheimer.

La falta de transparencia, de rendición de cuentas, la corrupción, acentúa las carencias, las falencias y ahondan las distancias sociales, sobre todo, cuando el costo esperado de ser sorprendido, despedido y castigado es bajo. Coadyuva a una mayor inequidad, injusticia, exclusión. Lo desarticula todo, generando un círculo perverso que arruina y degrada toda posibilidad de realización del ser humano. A más corrupción menos inversión en salud, en viviendas, en acueductos, en alcantarillados, en seguridad ciudadana.

Hoy sabemos que existe una estrecha correlación entre desigualdad y corrupción, mientras más altos son los niveles de inequidad mayor es la corrupción esperable; se ha comprobado que una disminución en el Índice de Percepción de la Corrupción significa un incremento de la inversión de alrededor del 2.7%. Existen evidencias empíricas, factuales, que sugieren una relación efectiva entre gobernanza y corrupción.

De los Indicadores de la Gobernanza: 1) Voz y Rendición de cuentas, que mide derechos humanos, políticos y civiles; 2) Estabilidad Política y ausencia de violencia; 3) La Efectividad Gubernamental, que mide la competencia de la burocracia y la calidad de la prestación de servicio; 4) Calidad Regulatoria, que mide la incidencia de políticas hostiles al mercado; 5) Estado de Derecho, que mide la calidad del cumplimiento de contratos, la policía y las cortes, incluyendo la independencia judicial y la incidencia del crimen; y, 6) Control de la corrupción, que mide el abuso del poder público para el beneficio privado, incluyendo la corrupción menor y en gran escala; solo pasamos bien el No. 2 (Estabilidad Política y Ausencia de violencia). Esto quiere decir que en el capital institucional, en el que se encuentra la Efectividad Gubernamental, la Calidad  Regulatoria, el Imperio de la Ley y el Control de la Corrupción, andamos mal como sociedad.

La sociedad dominicana requiere de un clima ético y una gobernanza efectiva. Clima ético se refiere a los procesos por los cuales se evalúan y se toman decisiones con base en lo correcto, lo ético y lo legal. Para ello se amerita de una nueva forma de hacer política y de reconfigurar el Estado, para hacerlo más viable y más expedito a favor de la transparencia en el uso de los recursos públicos. Como nos decía Amartya Sen “los valores éticos de sectores claves de una sociedad (empresarios, profesionales, políticos), forman parte de sus activos productivos si son positivos o de sus pasivos, si son negativos”.

Los valores de los seres humanos no se definen por sus palabras, sino por sus actos. Como muy bien decía Nelson Mandela “Debemos usar el tiempo sabiamente y darnos cuenta de que siempre es el momento oportuno para hacer las cosas bien”. Si República Dominicana, si los ciudadanos nos empoderamos y empujamos para que el país por lo menos llegue en los próximos dos años al promedio de la región del Índice de Percepción de la Corrupción, nuestra lucha no sería en vano.

¡Abracemos el sueño de la utopía, que con nuestras acciones conscientes, atraparemos la esperanza de un futuro mejor. Después de todo, es la historia de las realizaciones humanas, lo que ayer fue imposible, pero asido a un sueño con visión, mañana será realidad! ¡El espesor de la falta de transparencia y la corrupción, no son inescrutables. Solo que no permitamos que los ojos se queden entrecerrados, los oídos entorpecidos y los pensamientos aletargados, como esbozaba Joseph Conrad; que esa no sea nuestra vida!

Cándido Mercedes

 

Sociólogo

Sobre mí

Maestría en Alta Gerencia, Especialista en Gestión del Talento Humano, Sociología  Organizacional y Desarrollo Organizacional y Gerencia Social, se desempeña como Consultor  e Instructor Gerencial. Catedrático de las Maestrías de Alta  Gerencia y Gerencia Financiera, del INTEC, Coordinador  de las  Maestrías  en Administración y Recursos Humanos, de la UCE, fue Consultor del PNUD.