Lunes, 13 Febrero 2017 08:02

Liderazgo político y despenalización del aborto por causales

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Una persona política avezada desarrolla la virtud de adaptarse a los cambios de los tiempos y sacarles provecho. Participar en la política con resquicios anacrónicos de los años cincuenta o antes alimenta la decepción ciudadana de esta clase.

El animal político aprende de sus errores, se repliega, corrige, se renueva, negocia, sorprende. Si al salir de la cueva de la ausencia temporánea utiliza las mismas herramientas para alimentar la saciedad, no hace más que hastiar en su propio ridículo.

Las dos últimas observaciones al Código Penal han dejado un halo de transformación de las prácticas políticas con innovación. La primera de las mencionadas, con sus críticas e imprecisiones, impidió la permanencia definitiva de la norma absolutista penalizadora del aborto.

La coherencia hasta ahora mostrada por el Poder Ejecutivo ha mandado un mensaje de ligero cambio de relaciones con los fundamentalismos, no necesariamente con las instituciones que representan.

El empoderamiento de la ciudadanía, encabezado por el movimiento feminista, con un efecto de bola de nieve ascendente en su crecimiento, ha ido involucrando cada vez más sectores de la sociedad civil que se han unido al reclamo en un llamado de injusticia a la continuidad de la norma perversa.

A la histórica lucha del movimiento feminista se han unido: gremios de la salud, redes campesinas, de jóvenes, sindicatos y gremios, de derechos humanos, GLBTI, de promoción y defensa de derechos de la niñez, periodistas, sectores de las ciencias y la academia, religiosos católicos y protestantes, organizaciones internacionales, y un largo demás. El Poder Ejecutivo ha sabido manejar con habilidad política este empoderamiento de la ciudadanía.

Lectura que está siendo también captada por el PRM, reiterando de manera pública el llamado a sus legisladores, aunque con baja intensidad de comunicación para mostrar coherencia al momento de los votos. Adversar a los sectores fundamentalistas con la despenalización por causales no implica gran cambio de relación Estado-iglesia, y mucho menos avasallamiento.

La cultura laica es más que eso. Estos cambios de prácticas políticas bien pueden ser captados y manejados desde los aprendizajes en los escenarios locales para el provecho del liderazgo político en los territorios, trazando pautas de relacionamiento desde un plano de respeto, no jerarquizado ni tenebroso, asegurando el cumplimiento de la Constitución y el disfrute de derechos de las mujeres.

Como señala la última observación del Poder Ejecutivo: “Ninguna mujer quiere enfermar de gravedad durante el embarazo, tampoco ser violada, ni mucho menos que la criatura que lleva en el vientre sufra malformaciones que hagan imposible la vida después del nacimiento. Estas son circunstancias funestas que muchas veces tienen consecuencias calamitosas para la mujer que las sufre”.