Jueves, 30 Marzo 2017 18:42

Seguridad Vial: un desafío nacional

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El gobierno nacional lanzó una campaña de seguridad vial sin asesoramiento. Uno a uno fueron desfilando líderes nacionales desenfocados, supuestamente llamando la atención en el tema, y ninguno de los mensajes se fundamentó en los cinco grandes factores de riesgo de morir por accidentes de tránsito. i) No utilización de cascos por los motoristas; ii) exceso de velocidad; iii) ingesta de alcohol al conducir; iv) no uso de cinturón de seguridad; y v) ausencia de protectores para los infantes al interior de los vehículos. Todo lo que el gobierno vaya a realizar en comunicación y publicidad en seguridad vial, luego de la aprobación de la ley 63-17 de movilidad, debiera contar con la asesoría experta, muy en especial de la Organización Panamericana de la Salud, y más que de ingenieros y arquitectos que saben mucho de carreteras, de epidemiólogos que conocen los verdaderos factores de riesgos para morir en un accidente.      

En el pasado siglo XX fueron utilizados dos grandes abordajes metodológicos para enfocar los accidentes de tránsito, las lesiones y las muertes causadas por ellos. Primero, la Tríada Ecológica de los norteamericanos Hugh Leavell y Gurney Clark en 1958 y segundo, el análisis de los determinantes de salud originario del ministro canadiense Marc Lalonde en el año 1974.

Casi medio siglo después en República Dominicana, aunque se entiende, nunca se lleva masivamente a la práctica, ningún modelo de trabajo. No hay una cultura urbanística y de salud pública hacia la prevención. Las reconocidas brechas e injusticias sociales existentes, no han permitido que se haya asentado una generación de planificadores, urbanistas y salubristas comprometidos con un enfoque de trabajo.

Utilizando a Leavell y Clark se concluye que son tres los actores estratégicos que están involucrados en el origen de cualquier daño a la salud, muy en especial el generado por los accidentes de tránsito. Primero el agente generador de las muertes y las lesiones, los vehículos de motor; segundo, el modo de transmisión del daño, que lo constituyen las vías, calles, carreteras y autopistas; y tercero, el receptor del daño a la salud generado por los accidentes, los conductores, acompañantes y peatones.

En síntesis, para Leavell y Clark se impondría tomar medidas radicales de control para asegurar eficacia y calidad de los vehículos de transporte que inundan el tránsito todos los días. Asimismo valorar la direccionalidad y estructura de las vías donde se provocan y acontecen muchos accidentes; y finalmente el más importante, a pesar de contar con el vehículo más seguro del mundo y transitar por la vía de mayor calidad del planeta, es vital intervenir en los seres humanos que formamos parte del tránsito (conductores, acompañantes y peatones). Somos el fundamento y la esencia para una impactante prevención de las muertes y las lesiones generadas por los accidentes.

Marc Lalonde aportó otro gran enfoque al indicar que en el origen de la mortalidad y las lesiones derivadas de los accidentes, se involucran al menos cuatros (4) grandes determinantes. Primero el condicionante del estilo o modo de vida de las personas involucradas en el accidente (Cultura anotamos nosotros). Segundo el medio ambiente donde acontece el accidente (contexto); tercero la calidad de los servicios de salud donde se reciben y atienden los afectados y cuarto el acervo genético de la población, en su tamaño, tasa de crecimiento y distribución urbana-rural.

El enfoque Lalonde operacionalizado por el salubrista norteamericano, Alan Dever, “Un Modelo Epidemiológico para las Políticas de Salud”, luego de valorar técnicamente miles de fallecimientos prevenibles, encontró que en las muertes causadas por los accidentes de tránsito, el Modo de Vida (Cultura, N.R) es el responsable de 69 de cada 100 muertes que acontecen en los países. El medio ambiente (Contexto-Entorno N.R.) de 18 muertes de cada 100; la organización y la calidad de los servicios de salud 12 de cada 100 y finalmente, apenas 1 de cada 100 era causado por la composición de la población, desde su carga genética hasta la densidad urbano-rural de concentración de los habitantes en un territorio.

Los anteriores resultados no han variado significativamente en estas primeras dos décadas del siglo XXI, muy en especial porque en la apertura del tercer milenio de la humanidad, las enfermedades y los daños a la salud derivados del modo y estilo de vida de las sociedades, se han masificado y combinado con otras causas de fallecimientos que constituyen un verdadero Síndrome o Modo Sindrómico. Los problemas mentales se multiplican por el abuso y adición a sustancias de diversión, y finalmente la crisis en la familia impacta y magnifica epidemiológicamente los accidentes. La importancia de la cultura o las formas diversas en que las diferentes comunidades viven es fundamental para prevenir las muertes y lesiones causadas por los accidentes de tránsito. En la otra seguimos.