Jueves, 17 Agosto 2017 16:04

En las marchas verde

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Los medios muestran las multitudes que se congregan exigiendo el fin de la impunidad, las pancartas que salen de la creatividad individual, una mezcla carnavalesca de repudio al normalizado robo de los fondos públicos, de los “cuartos” nuestros, que dejan de llegar a las personas más empobrecidas.

Las marchas verdes son más que esas multitudes captadas en fotos y videos difundidos en redes. Un impulso común al margen de las diferencias políticas, ideológicas, creencias, incoherencias, propósitos y despropósitos, conectado por un mínimo coincidente. Un punto común que se extiende a provincias y llega a las calles de los sectores más desproveídos, ahí donde se mezcla el mal olor de la falta de alcantarillado con el sudor del trayecto caminado y la consigna voceada.

El coro de los amigos y amigas concitados se confunde y une al de los cañeros con la música e instrumentos de atabales, al de las feministas, sindicalistas, gremialistas, al de campesinos y campesinas, de personas con discapacidad, GLBT, envejecientes, desnacionalizadas, estudiantes, comerciantes…porque “En la lucha del pueblo nadie se cansa”, “El pueblo unido jamás será vencido”, “Baaaasta ya de impunidad”, o “Se va acabar, se va acabar, la costumbre de robar”.

Los empapados abrazos bajo el sol ardiente acogen los saludos del alegre encuentro del colega, amigo u amiga sin ver desde hacía meses, años o días. No hay disculpas del saludo con la pegajosa mejilla, solo satisfacción de la coincidencia física en la conspiración colectiva.

La masa moviente verde desplazada bajo el cielo, despeja no solo las fobias a las multitudes, también ha abierto oportunidades para fortalecer la confianza ciudadana, creer en los grupos ampliando la integración, saliendo de la zona de confort del relacionamiento con el desconocido o no tan conocido.

Las marchas verde han dejado el claro mensaje de la eficacia y posibilidad del liderazgo plural y diverso compartido en contraste con el unipersonal o el de unos cuantos, un ejemplo para la clase política partidista y para otros espacios de ciudadanía.

Trascender en convertir las exigencias del movimiento verde en cultura ciudadana y política es un reto y compromiso individual y colectivo. Que quienes se han apropiado de los medios y recursos para erradicar la pobreza y las desigualdades sientan el peso y sanción, con fuerza embravecida, de quienes detentan el mandato soberano para que gobiernen con justicia social y de derechos.